Por Manuel Herrera: Viña Española, consultor, prescriptor y winemaker
“Si realmente te gusta el vino, como si es otra cosa, hay que leer, informarse, educar el gusto y probar muchos vinos diferentes”
¿Disfrutamos del vino como deberíamos o, en realidad, nos atan los corsés, las modas y los postureos? Eterna pregunta...
Algunos de los nuevos prescriptores que conozco saben de vinos, pero otros no hacen más que decir burrada tras burrada, desinformando al personal. ¿Hay que seguir las nuevas tendencias por sistema? ¿Asustamos a quienes se acercan al vino con descripciones complicadas y cierto esnobismo?
Como tendero, la frase que más escucho últimamente es: “Yo no entiendo de vinos, pero sé si un vino me gusta o no, ¿vale?”. Pienso que beber vino embotellado de cierta calidad-sin necesidad de que sea caro, pero nunca por debajo de los cinco o seis euros, para que nadie se pierda en el camino y haya una mínima garantía de calidad- ya es algo. Yo creo que no hay que ir constantemente rebuscando vinos nuevos en el mercado.
Ni es oro todo lo que reluce ni se debe renegar por sistema de los vinos clásicos para “saber de vinos”. Tampoco se puede hacer lo contrario, es decir, beber solo etiquetas.
Hay mucho vino realmente malo escondido en nuevas y peligrosas corrientes, algo sectarias y, por qué no decirlo, con mucha gilipollez.
Hay que respetar, y mucho, dónde ha llegado el vino español gracias a las bodegas de los vinos que bebían nuestros abuelos o nuestros padres.
Volviendo a la frase de alguno de mis clientes, lógicamente bebes lo que te gusta, porque si no vamos mal. Pero no me parece acertado ir publicando que no sabes de vinos pero sí sabes lo que te gusta.
Quizás, al que le cuentes tus gustos, no los comparta. O simplemente no le importen. Además, presumir de “no entender” es cuanto menos contradictorio. Hay que tener un mínimo de criterio. No solemos ir presumiendo de no entender de verduras si además somos vegetarianos.
Si realmente te gusta el vino, como si es otra cosa, hay que leer, informarse, educar el gusto y probar muchos vinos diferentes; sorprenderte y que te sorprendan, divertirte, compartir... Evitando, a ser posible, que el vino sea utilizado para una lucha de “cuñaos”.
El Vino es Cultura. Ambos con mayúscula. Y la cultura es un Pueblo. Tener un mínimo de esa cultura general es imprescindible. Saber de un vino no es elegirlo de una carta y decir cuatro chorradas. Es saber su origen, su paisaje, su territorio... Las manos que lo hacen y el muchísimo trabajo que hay detrás. Es cuidarlo. Es respetarlo. Es disfrutarlo.
La opinión de un vino puede tener algo de subjetividad, lo que permite a una serie de mamotretos opinar sin pudor. Pero hasta unos límites, por favor. El vino tiene un lenguaje propio y es el más internacional del mundo junto con el del arte y la música.
El vino tiene unos conceptos básicos y sencillos que cualquiera tiene que saber. El vino debe emocionarte, no solo “gustarte”, porque el vino es emoción. Pero como algo grande que es, repito, debe ser sencillo.
No debemos complicarlo. Aunque haya vinos para la reflexión -incluso para la genuflexión, que decía mi padre-, que pueden tomarse solos, el vino hay que acompañarlo. El vino es para comer con él, y no para agitarlo tanto. No hace falta tanto mantel de lino. ¡Más chatos y menos copas (con doble sentido).
Siempre dije que la mejor armonía era un Vega Sicilia con una buena lata de sardinas y un buen pan. A partir de ahí, tenemos todo el margen del mundo para todos los vinos que lo merezcan.
Saber de vinos es saber estar. Saber beberlo desde la humildad, el respeto y el cariño. Vamos a ello, el movimiento se demuestra andado. ¡Brindo por ustedes!


