Por Alberto Saldón, director de Marketing en Bodegas LAN, grupo SOGRAPE España
“El vino nos une y nos invita a brindar con esperanza, incluso en tiempos difíciles”
Como en todo buen cuento de Navidad, la historia comienza con sombras. Este año, el mundo del vino parece caminar por una calle oscura, azotada por vientos que no traen villancicos, sino incertidumbre. Las viñas han sufrido caprichos climáticos: lluvias desmedidas, calores extremos, vendimias adelantadas. A ello se suman costes que se disparan, mercados que titubean y consumidores que, entre titulares inquietantes sobre la salud y la crisis con los bolsillos ajustados, dudan antes de descorchar una botella. La tormenta perfecta se cierne sobre nuestra copa.
En este escenario, no faltan fantasmas. El del pasado, que nos recuerda tiempos más prósperos; el del presente, que susurra cifras rojas y cosechas menguantes; y el del futuro, que amenaza con convertir el vino en un lujo reservado para unos pocos. Como el viejo Scrooge, podríamos dejarnos arrastrar por el desánimo y cerrar la puerta a la esperanza.
Pero el vino, como la Navidad, guarda su propia magia. Es memoria y es promesa. Es la conversación que desafía la prisa, el gesto de compartir cuando todo parece dividirse. Es la certeza de que, tras cada invierno, la vid vuelve a brotar. Y esa fuerza silenciosa está ahí, en cada viticultor que poda con fe, en cada enólogo que busca armonía en la copa, en cada consumidor que decide brindar, aunque sea con un vino sencillo, por lo que realmente importa. Los que se dan un sí. ;)
Quizá esta tormenta no sea el final, sino el recordatorio de que el vino nunca ha sido solo negocio: es cultura, paisaje, identidad. Y esas raíces son profundas. Hoy, mientras las luces de Navidad ya iluminan nuestras casas, imaginemos las mesas llenas de risas, las copas tintineando, los brindis que sellan promesas. Porque si algo nos enseña el vino es que la vida, como él, mejora cuando se comparten las emociones.
Así que levantemos la copa, no para olvidar las dificultades, sino para celebrar la resiliencia que nos une. Que el 2026 nos encuentre brindando más que nunca: por la tierra que nos da sus frutos, por quienes la trabajan con pasión y por cada instante que convierte una botella en un puente entre personas. Porque, pase lo que pase, siempre habrá motivos para descorchar optimismo.
Brindemos por todo lo bueno, por saber aceptar lo menos bueno y por otra Navidad juntos. Salud, ¡Feliz Navidad y que el nuevo año sea un gran racimo de buenos momentos!


